Eat Smart

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Eat Smart. Comer de manera inteligente. Pareciera complicado pero en realidad no lo es. Desde que somos pequeños aprendemos a comer de cierta manera, con ciertos sabores, determinado sazón. Básicamente nuestra familia nuclear nos hereda sus gustos, preferencias y costumbres a la hora de comer. Heredamos hasta la marca de la mayonesa o del jamón que compramos para nuestra propia casa hoy en día, ¿cierto?

Los niños comerán lo que les enseñes a comer

Esas costumbres tan añejas, tan arraigadas con la alimentación, son muy difíciles de cambiar porque las hemos repetido durante años, y porque además tienen una carga emocional muy anclada en nuestro inconsciente.

Cambiar los hábitos alimenticios es sin duda de los retos más difíciles. Y no me refiero a estar “a dieta”, me refiero simplemente al hecho de comer diferente, comer mejor, más saludable, de manera más informada. Esto que llamamos «comer inteligente».

Porque claro, vivimos en un mundo donde hay 3423423 opciones diferentes de dietas que aparecen todos los días, con la promesa firme de volverte delgadx, con abdomen marcado, guapx, y además en tres días.

Para mi, vivir “a dieta” es un sufrimiento.

A penas pienso en ponerme a dieta, o tener alguna restricción de alimentos, y pareciera que me invita a hacer lo contrario: tengo antojos de todo lo que no “puedo” comer, todo el tiempo. En mi caso, me he dado cuenta de que la IDEA de estar a dieta, no me funciona. Me genera estrés innecesario, me hace sentir restringida y obvio, quiero todo aquello que está “prohibido”.

Entonces, me he dado a la tarea de combatir esos antojos de comida poco saludable con información: investigo los ingredientes del producto que me quiero comer (tan sencillo como mirar la lista de ingredientes detenidamente) ya de entrada eso me desanima mucho, porque cuando veo la cantidad de químicos que tiene, se me empieza a antojar menos. Cuando veo la cantidad de azúcares, baja otra rayita el antojo.

Y no solo por el hecho de ser azúcares, sino porque se ha comprobado que los alimentos y bebidas muy azucarados, te elevan los niveles de azúcar en el momento, lo que hará que tu páncreas trabaje como loco para regular el nivel de azúcar en sangre, y luego, te dará un “bajón”: te dará ansiedad, estrés, y todo tu estado de ánimo se verá alterado. Claro, cuando pienso en todas estas consecuencias por comer algo con mucha azúcar, se me quita el antojo.

Mango lovers

¿Qué efecto causa en mi cuerpo lo que como?

He descubierto que si como cosas muy azucaradas, me duele la cabeza, y me da ansiedad. Las palomitas acarameladas me encantan, por ejemplo, sobre todo si es en el cine, con un refresco enorme. Peeeeero, termino con un terrible dolor de cabeza invariablemente cada vez que las como. Claro, no es algo que me pase solo a mi, nos pasa a casi todos, porque los bajos niveles de azúcar en el cuerpo posteriores a un “sugar crash” (subidón de azúcar por comer algo muy dulce) causa descompensación en el cuerpo por todo el trabajo que el organismo tiene que hacer para volver a “nivelarnos», alteraciones en el sistema nervioso central con la producción de neurotransmisores, y el resultante efecto emocional de ansiedad, irritabilidad, peor manejo del estrés…

Pero no nos damos cuenta, no escuchamos al cuerpo, te duele la cabeza y te tomas un paracetamol, sientes bajón de azúcar y te tomas otra coca-cola, sientes ansiedad y vas y comes más. Y estás tan habituado a no escuchar los síntomas y alarmas que se encienden en tu cuerpo como alertas, que ya no los notas, los confundes, les cambias el nombre, o simplemente miras para otro lado.

En este camino del bienestar que empecé a recorrer hace ya varios años, yo decidí dejar de mirar hacia otro lado y observar mi cuerpo constantemente. Así que he aprendido a conocer cuando algo me cae mal, me produce dolor de cabeza, inflamación, ansiedad, irritación… y he sacado los alimentos de mi dieta no por “estar a dieta” sino porque así lo decidí, porque me hace sentir mejor no comerlos, que comerlos. Lo mismo me ocurre con los alimentos que he ido incluyendo a mi vida: los como, observo cómo me hacen sentir, y decido si continúo comiéndolos o no. Decido comerlos porque me hacen sentir bien, me llenan de energía, me aportan un sinfín de nutrientes, y la sensación que me produce comerlos es agradable, entonces se vuelve fácil comerlos.

Así, hace muchos años que dejé de comer crema, por ejemplo.

En casa de mi madre se comía crema con todo, hasta con el pan, y un poquito de azúcar espolvoreada encima, ¡era delicioso!. Pero yo dejé de consumir crema porque es de los alimentos que aporta cero nutrientes, y tiene muchísimas grasas. Comer crema me producía inflamación en el estómago, y el sentimiento de culpabilidad de: te comiste algo super grasoso que ni siquiera valía la pena, porque asi que tu me digas que sabor tan espectacular tiene la crema, pues no, sobre todo porque comíamos de la crema enlatada, ni siquiera crema «fresca».

Y así salió la crema de mi alimentación. En su lugar, como yogurt griego. Si, seguro cuando lo lees piensas que es una locura comerse los chilaquiles con yogurt griego. Pero en realidad sabe a crema ácida, y me hace sentir infinitamente mejor saber que me estoy comiendo algo mucho más saludable, sin tanta grasa, que por lo menos tiene saborcito ácido.

Pan de una panadería local, delicioso y mucho más saludable.

El pan me encanta, sobre todo el pan dulce, ¡mmmm, delicioso!

Pero, he descubierto que mi panza se pone como un globo cuando como pan, incluso pan de caja. Y mientras más comercial es el pan, más se me inflama el estómago. Entonces esa sensación de “qué delicioso pan” se transforma en un “me siento mal del estómago, me duele la cabeza” y dejo de disfrutarlo. He probado muchos panes, de muchas panaderías locales distintas, y he descubierto que el pan de masa madre es el que mejor me cae, y además es mucho más saludable que el pan comercial que está hecho con harina refinada que nuevamente vuelve a elevar los niveles de azúcar en sangre, sin contar conservadores, grasas, azúcares añadidos que contiene el pan comercial.

Así que dejé de comer pan comercial porque no me sentía bien al comerlo, no por restricción o por dieta, sino por elección basada en cómo me siento y en la calidad de los nutrientes que decido darle a mi cuerpo. Y de esta manera no es un castigo no comer pan, al contrario, es un castigo comerlo porque después me siento fatal. Claro, esto no quiere decir que el pan dulce haya quedado fuera del catálogo. Sigo comiendo pan de dulce cuando se me antoja, pero ya nunca es pan comercial, siempre es pan de alguna panadería local cuyos ingredientes son infinitamente más naturales que el pan comercial diseñado para durar meses en un anaquel.

Si estás pensando en mejorar tus hábitos alimenticios, observa cómo te hace sentir lo que comes actualmente. No es normal que te dé “mal del puerco” después de comer. La comida debe hacerte sentir bien, con energía, contento, sin empachos ni malestares. No tienes que tomar antiácidos después de comer, los antiácidos son señal de que lo que estás comiendo no te hace bien. Tampoco deberías tener estreñimiento o diarrea ni ningún otro malestar estomacal. No dolores de cabeza, ni ansiedad. Si tienes alguno de estos síntomas, lo que estás comiendo no te hace bien. Y es importante descubrir qué es para que puedas cambiarlo.

 ¿Por dónde empezar a mejorar los hábitos en alimentación?

Si no sabes por donde empezar para mejorar tus hábitos alimenticios, creo que podrías empezar por los básicos: reducir los carbohidratos simples, azucares refinados, las grasas y los productos muy procesados. Checa este post sobre 10 recomendaciones para comer más saludable. 

Carbohidratos simples son todas las harinas refinadas: o sea, todo el pan comercial, las tortillas de harina, los cereales comerciales, aunque digan que son de dieta y fit, no lo son, lee los ingredientes. Busca pan de mejor calidad en la panadería de tu colonia, o en redes sociales algún productor de pan de centeno, de granos enteros, con menos conservadores y químicos. Y observa cómo te sientes cuando los comes. Necesitas estar abierto a probar sabores nuevos, porque lo primero que vas a sentir es que te cuesta mucho más masticarlo, que está más seco y menos dulce. Si, porque tiene más fibra, y menos azúcares. Y el paladar se va a quejar. Se va a quejar mucho.

Y entonces tendrás que decidir, si trabajas en acostumbrar a tu paladar a este nuevo sabor mucho más saludable, o tiras la toalla en el primer intento y te quedas con tu pan de siempre fingiendo que es integral cuando solo tiene colorante café y azúcares para “hacerlo parecer” más nutritivo.

¿Muffins de plátano? Si. Deliciosos, saludables y super fáciles de preparar.

Cereales comerciales ninguno.

Aunque te aseguren que son bajos en calorías y adicionados con hierro. Lee los ingredientes. ¿Cuántos de los ingredientes que aparecen ahí no sabes ni qué son? Regresemos a los básicos: avena, amaranto, cebada, linaza. ¿Qué ingredientes contiene la avena? Solo avena.  ¿Qué ingredientes contiene el amaranto? Solo amaranto. Lee aquí lo increible que es el amaranto. ¿Qué te parece que sea más saludable? ¿Qué crees que te nutra mejor? No sabrás si te gusta la avena hasta que no la pruebes. Y no, la avena ya preparada en sobre tampoco. Tiene muchísima azúcar, porque de esta manera el sabor te parecerá más agradable, pero, ¿qué dijimos que le hace el azúcar al cuerpo? Entonces elije avena natural. Prueba recetas para hacerla cruda, como esta receta de avena trasnochada,  cocida, en hotcakes o muffins, como estos muffins de plátano caseros, porque claro, al incluir nuevos ingredientes en tu cocina, seguramente también tendrás que incluir nuevas recetas. Pero es interesante, divertido y un gran aprendizaje para el cuerpo, ya lo verás.

Y así, poco a poco ve observando lo que comes, lee los ingredientes, investiga sobre ellos y decide de manera consciente si quieres seguirlo consumiendo o no. Tu cuerpo te hablará más conforme más lo escuches. Notarás que sabores que te parecían agradables dejan de serlo. Esto me ha pasado últimamente con el jamón. No me gusta el sabor del jamón, no me lo puedo comer, me parece desagradable, y entonces he dejado de comer jamón, ni si quiera ha sido de manera consciente, simplemente el sabor ya no me gusta.  De la misma forma, lo que antes  parecía de buen sabor ahora es excesivamente dulce. Y mira que siempre he sido super dulcera, amo los postres después de comer. Pero el paladar va cambiando y de repente descubres que le sienes un sabor raro a muchas cosas que antes no sentías.

Escucha a tu cuerpo, y ve sacando de tu alimentación aquello que no te hace sentir bien.

Y ojo, porque no solo los carbohidratos, alimentos procesados o azúcares te pueden hacer sentir mal: también hay frutas o verduras que pueden hacerte sentir pesado. A mi me pasa con la coliflor, por ejemplo. Cada vez que como coliflor el estómago se me inflama como un globo, y toda la tarde estoy repitiendo la coliflor. Es una verdura que no como porque no me cae bien. Lo mismo me pasa con los frijoles, que nos ocurre a la mayoría de las personas. Su cascara es difícil de digerir e inflaman el estómago, nos llenan de aire, y entonces decido consumirlos con moderación, porque además me encantan, pero me hacen sentir mal.

Escuchando a tu cuerpo te sentirás menos pesado después de comer. Menos ansiosx. Menos irritable. Mejorará tu peso o tu composición corporal como puntos extras, aunque ese no sea el objetivo principal, porque en realidad mejorarás en muchos otros aspectos, incluso dormirás mejor.

Antojos dulces, también de una panadería local.

Esto no quiere decir que nunca jamás en la vida volverás a comerte un pan dulce comercial, o que solo comerás avena cruda remojada en agua. Simplemente quiere decir que comerás más saludablemente por elección y conocimiento que por estar “a dieta”.  Y que de vez en cuando te darás el gusto de comerte un pan dulce, o unas empanadas, o aquello de lo que tengas mucho antojo. Pero será eso, un antojo ocasional por elección, sin que suene a que el resto del tiempo estás “castigado” con la comida. Por el contrario, aprenderás a disfrutar aquellas cosas saludables y se volverán parte de tu estilo de vida. Ve con calma, un paso a la vez, y con mucha apertura de probar nuevos sabores, nuevas texturas, nuevos sazones.

Otra de las cosas que me ha ayudado mucho a mantenerme con una alimentación más saludable es planear mis comidas. Hago el menú de lo que voy a desayunar, comer, cenar y tomar de colación durante toda la semana. Veo en el refrigerador y en la despensa lo que hay, y lo que falta comprar y hago la lista del super. Obvio, si quedó verdura de la semana anterior la uso en el menú de esta semana para no desperdiciar. De esta manera, voy al super de manera más eficiente, gasto menos dinero y evito desperdiciar comida.

Si puedo anticipar algunas preparaciones de comida lo hago.

Por ejemplo, si el miércoles vamos a comer tostadas de pollo, me aseguro de cocer el pollo y los frijoles el martes, para que el miércoles ya esté listo y solo tenga que deshebrar el pollo y “aplastar” los frijoles. Entonces el tiempo de preparación de mi comida será mucho menor, lo que evita que llegues a ese punto de transformación Hulk cuando mueres de hambre y que te cuento en este post porque seguro también te pasa. Esta anticipación te funcionará perfecto si eres de lxs que se lleva la comida a la oficina porque tendrás todo listo, sin tener que improvisar.

Recuerda que cuando nos da hambre, nos comemos prácticamente lo que sea. Y si ese “lo que sea” es comida saludable, un snack bien planeado, nos irá mucho mejor que si tenemos que salir corriendo a la tienda o a la maquina vending de la oficina a tomar lo primero que encontremos. Por eso es importante tener a la mano fruta, frutos secos y semillas como parte de la colación, para tener alimentos de calidad siempre disponibles.

Lo que comemos importa más allá de nuestro peso. Influye en cómo funciona nuestro organismo, en los neurotransmisores que genera nuestro cuerpo para que trabaje nuestro sistema nervioso central de manera adecuada. Influye en nuestro estado de ánimo, en lo atentos o distraídos que estamos a lo largo del día. En lo productivos que somos. En lo bien o mal que dormimos. Incluso en la textura de la piel y el cabello. Elije responsablemente y de manera informada aquello que comes.

Que comer sea un proceso delicioso, lleno de bienestar para ti, para tu cuerpo, y no un castigo lleno de sufrimiento donde sientes que siempre pasas hambre y nunca puedes comer lo que quieres. Hay mil formas de encontrar un punto de equilibrio inteligente en nuestra alimentación. ¡Inténtalo!

Cuéntame cómo te va en el camino y qué adecuaciones has hecho tu que te han funcionado. Me encantará saber tus secretos.

¿Ya me sigues en Instagram? Búscame como @bienmecuido. Siempre comparto recetas de comida fácil y saludable, ideas para desayunos y cenas, seguro algo te sirve de inspiración.

Un abrazo!!

Addy.

 

 


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Corredora, yogui, triatleta y ahora blogger de bienestar. Experta en Cambio Organizacional. Mercadóloga de profesión, deportista de corazón. Comparto lo que he aprendido en este camino del deporte y la vida sana por si a ti también te sirve.

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