Cambio con C de contingencia

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Marzo 2020.

De repente, en las noticias se escuchaban palabras como pandemia, enfermedades, contagios, contingencia sanitaria.

Y lo próximo que supe fue que tendría que cancelar el festejo de mi cumpleaños número 40 porque no se podían realizar reuniones de más de 20 personas por riesgo de contagio.

¿De qué estamos hablando?

¿No puedo festejar mi cumpleaños? Bueno, no pasa nada, festejamos en un par de semanas. Con todo este recién llegado caos al menos puedo seguir trabajando en mi tienda de deportes de manera normal. ¿Y qué voy a hacer con los niños, que no van a ir a la escuela? Bueno, pues me los llevo un rato a la tienda y ya está.

A la semana siguiente, mi madre nos comunica que cerrará su restaurante porque el consumo en restaurantes bajó drásticamente y es más viable cerrar que seguir soportando los gastos fijos. Durante días escuché su angustia por no poder pagar los sueldos de su equipo. No dejaba de preocuparse por el sueldo de Juan, y de preguntarse: ¿y es que de qué van a trabajar? Y es que cerrar su restaurante fue bajar la cortina de un sueño. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo “cierras” tu sueño cuando no estás listo para hacerlo? Pero, además, ¿cómo le dices a 10 familias que ya no tendrán la seguridad del ingreso que tu sueño representaba para ellos? Porque no es que no QUIERAS pagarles. Es que, si no vendes comida, no TIENES como pagarles.

Una semana después, 31 de marzo, hay una instrucción gubernamental por la que a partir del 1 de abril tengo que cerrar mi tienda de deportes porque no soy una actividad esencial, y tengo que permanecer en mi casa.

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Hace pocos meses remodelé Planeta Maratón

Lo primero que hago es hablar con mi equipo (que es solo Karina) para ver cómo podemos seguir “trabajando” desde casa, con el consiguiente pacto económico donde ambas ganemos. Y tengo que tomar decisiones rápidas e inesperadas de lo que puedo hacer con la tienda en esta situación. Porque claro, TENGO que cerrar, ¿y qué pasará con la renta? ¿y con la luz? ¿qué pasará con las ventas? ¿con mi marca? Decido que tengo que mantenerme activa en redes sociales todo lo que pueda, dar servicio a domicilio. Quiero pensar que, como yo, habrá locos que seguiremos entrenando y necesitaremos geles, electrolitos, vaselina. Porque claro, podremos seguir entrenando. En teoría tendremos un poco más de tiempo “libre” y podremos entrenar más, ¿o no? Si tenemos que estar en nuestras casas, pero, podemos salir a entrenar, ¿cierto?

Pues no, tampoco podemos salir a entrenar. Si quieres entrenar hazlo en tu casa.

¿Con qué equipo? ¡No tengo pesas! ¡No tengo kettleballs, ni trx, ni pelotas medicinales! ¿Y mi maratón de Vancouver? ¡Auxilio!

Y es que esto de la contingencia nos tomó a todos por sorpresa, desprevenidos, y de sopetón.
Porque todo lo que está ocurriendo no solo implica el riesgo de contraer una enfermedad con determinadas características médicas para la cual no hay una cura/vacuna/antídoto/medicina. Implica un cambio ENORME en nuestra realidad, en nuestro día a día, en nuestra normalidad.

A los seres humanos no nos gusta el cambio. Lo evitamos en la medida de lo posible. No nos gusta salirnos de nuestra zona de confort, de lo conocido. En cualquier proceso de cambio, nuestro cerebro tiene que aprender nuevas maneras de hacer las cosas y eso no le gusta mucho, porque está más cómodo haciendo lo que ya sabe, lo que ya conoce.

Hacer las cosas diferentes nos da miedo. Y en este proceso de cambio que trae la contingencia consigo, no nos quedaron muchas opciones para elegir, porque nadie nos preguntó si estábamos de acuerdo, si queríamos, si pensábamos que tal o cual era la mejor decisión. Simplemente nos dieron instrucciones que teníamos que cumplir, y cambiar nuestra vida en un abrir y cerrar de ojos.

Tampoco tuvimos tiempo para “prepararnos” para este cambio. Nadie nos dijo: en dos semanas no vas a poder salir a entrenar, así que compra todo el equipo necesario porque después no habrá nada disponible en el supermercado ni por internet. No sabíamos que nuestro internet en casa colapsaría, y que nos agobiaríamos tanto al convivir bajo el mismo techo por días con nuestra propia familia.

Y además está el factor económico: todos nos hemos visto afectados, bien porque tuvimos que cerrar nuestros negocios, bien porque nos están pagando el 50% de nuestros salarios, o porque no tenemos el mismo nivel de ventas, o porque nuestra empresa cerró y estamos desempleados.

Suena a película de suspenso: cuando crees que al protagonista no le puede pasar algo peor, le pasa algo peor.

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*Imagen de internet

Fui consultor de Gestión del Cambio muchos años. Mi trabajo consistía en ayudar a los equipos de trabajo a afrontar el cambio en su organización de la mejor manera posible, con el menor costo emocional para ellos, y el menor coste a nivel productividad para la empresa. Y si bien no hay una receta mágica para transitar por el cambio, si hay cosas que a todos nos pueden ayudar a sentir menos las pérdidas que este cambio por contingencia trae consigo, y adaptarnos a esta nueva realidad sin morir en el intento. Te comparto mi perspectiva al respecto:

Yo creo que lo primero que tenemos que hacer es aceptar el hecho de que estamos viviendo un momento de cambio. A mi en lo personal no me gusta llamarle pandemia porque me parece demasiado trágico. Y no es que no lo sea, es que yo prefiero llamarle contingencia, me suena a algo menos permanente en el tiempo. Pero independientemente del nombre, tenemos que aceptar que hay ciertas cosas que están ocurriendo, frente a las cuales no podemos hacer nada, y tenemos que aceptar ciertas decisiones que se toman, nos gusten o no. Me parece que también tenemos que aceptar el hecho de que nuestra vida tampoco será como era antes de la contingencia una vez que podamos volver a salir a la calle, pues muchas cosas habrán cambiado, y las cosas serán simplemente distintas.

Ahora bien, ¿qué si podemos hacer para enfrentar mejor este cambio?

Infórmate de manera adecuada y oportuna.

Escucha/ve/lee noticias confiables y ciertas. Pero mantente alejado de la sobre información. No me parece que sea necesario saber cuántas personas mueren cada día, porque creo que genera angustia innecesaria. Pero si es importante saber que lo que está pasando, que los casos se siguen incrementando, las medidas que tenemos que tomar conforme pasa el tiempo y es importante saber si en tu ciudad hay protocolos nuevos que se estén implementando. Tenemos que estar informados de lo que está sucediendo, sin que estemos sobreexpuestos a información trágica, y todo lo que escuchemos o veamos esté relacionado con el caos y la enfermedad, porque entonces estaremos estresados y angustiados.

Esta situación también ha traído consigo cosas positivas, casos de solidaridad, personas que comparten su talento y su conocimiento para hacer la situación más llevadera para otros. Eso también es importante verlo porque nos mantiene con esperanza, sabiendo que no todo es terrible.

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*Imagen de internet. Existen miles de estímulos externos que nos proporcionan información. Seamos selectivos en la información que consumimos.

Es importante informarnos no solo de la contingencia, sino de todo lo demás: qué pasará con el colegio de los niños, ¿hasta cuando seguirán teniendo clases en línea?, ¿cuáles serán los mecanismos de evaluación?

Busquemos información también respecto a nuestras preocupaciones económicas: ¿qué pasa con mis tarjetas de crédito si en este momento no me es posible pagarlas? Acercarnos (virtualmente o por teléfono) a las instituciones financieras y saber si hay prórrogas de pago en los créditos seguramente nos hará sentirnos menos angustiados respecto a nuestra situación financiera.

Preguntar qué ocurrirá también en nuestro trabajo puede ayudarnos a tener mayor claridad: de qué forma seguiremos trabajando, cómo evaluarán nuestros objetivos, qué se espera de nosotros en esta época. A veces no preguntamos porque no queremos saber, y creemos que mientras más aplacemos la temida respuesta será menos violenta, pero no es así. Pregunta en tu empresa o a tu jefe directo aquellas cosas que necesites saber, que te den certeza y te hagan saber claramente dónde estás parado para que entonces puedas pensar en un plan de acción B si fuera necesario.

Ten disposición a aprender cosas nuevas.

Creo que gran parte de nuestro malestar respecto a esta situación del cambio está relacionada con el hecho de que nos ha obligado a resolver/hacer cosas que no teníamos idea de que haríamos alguna vez. Por ejemplo, trabajar en casa. Hacer home office en casa una vez porque te enfermaste puede resultar cómodo, porque todo el resto de tu familia está en su día normal. Pero trabajar en tu casa con toda tu familia ahí, puede ser realmente caótico. Empezando porque es muy probable que ni siquiera tengas un lugar “asignado” para trabajar. ¿En donde te puedes sentar frente a tu computadora sin que se escuchen los ladridos del perro o los gritos de los niños? Seguro hasta hoy no te habías preocupado en serio por la velocidad de tu internet. Y claro, cada vez que en tu oficina les piden que se conecten a una reunión vía zoom o googlemeeting te quedas congelado porque tu internet no da para más y te pierdes media junta.

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Home office implica que asignes un espacio y un tiempo específico para trabajar en casa sin interrupciones.

Pero, espérate. ¿zoom? ¿googlemeeting? ¿qué es eso? Claro, tuvieron que explicarte que es zoom/googlemeeting o la herramienta que hayan elegido en tu oficina para trabajar. Y, además, hacerte de un par de audífonos, acostumbrarte a verte en pantalla y a escucharte. Compartir pantallas, bloquear/desbloquear los micrófonos de los demás, acordarte de tener el cargador de la computadora cerca (si es portátil) para no quedarte sin pila, y también el del celular. ¿Cómo acomodas el celular para que los demás te vean pero no se vea el desastre que hay en la cocina?

Si, trabajar en casa se ha vuelto una actividad que trae consigo muchos aprendizajes que no teníamos en el radar. Y puede que aún no hayas terminado de dominar la tecnología, y tu internet siga fallando. Pero aprender cosas nuevas no es tan malo. Lo que pasa es que nos da pena preguntar, nos da pena no saber. No saber no tiene nada de malo, si estamos dispuesto a aprender. Hoy en día, es a través de la tecnología que podemos mantenernos trabajando y colaborando juntos. Así que en vez de repelar de que tu internet se caiga a cada rato, investiga qué puedes hacer para corregirlo. Si sabes de alguna aplicación que pueda funcionarle mejor a tu equipo de trabajo propónla. Si no sabes cómo utilizar determinada herramienta, pregúntale a google, busca un tutorial en YouTube, pregúntale a alguien que sepa. Porque nos quedan muchas semanas de seguir trabajando vía remota, y es tiempo de dejar de enfadarnos con la tecnología y utilizarla como aliada. Aplica también cuando tenemos que utilizar la tecnología con los niños y sus clases virtuales o en línea. Paciencia y tolerancia contigo, con ellos, con los maestros.

El aprendizaje no se limita solamente a cosas relacionadas con tecnología: puedes aprender sobre contabilidad, inglés, cocina, lettering, yoga, finanzas personales. Las posibilidades son infinitas, y es sorprendente la cantidad de material e información que hay disponible en las redes para aprender. Y no necesariamente implica solo la interacción con tu computadora, pues hay muchos webinars y conferencias virtuales a las que puedes «asistir» y aprender sobre temas diversos que te darán herramientas valiosas que sin duda te ayudarán a resolver temas actuales y futuros, o cosas que siempre quisiste aprender y nunca te diste el tiempo para hacerlo.

También es tiempo de ponernos creativos, de probar cosas nuevas, nuevas soluciones, nuevas maneras de hacer las cosas. Si algo no sale como esperas, intenta una cosa diferente. Es mejor mantenerte ocupado pensando en cómo lograr algo, que frustrado por no hacer nada.

Revisa tus resistencias internas.

En gestión del cambio, una resistencia es una razón para no cambiar, para mantenernos en la misma situación actual. Las resistencias personales generalmente están relacionadas con miedo a la pérdida: temor a perder el control, el status quo, el poder. Pero no podemos resolver aquello que no vemos, así que tenemos que ser honestos con nosotros mismos y enfrentar (y resolver) aquello que no nos deja avanzar.

¿Qué nos da miedo en esta situación? ¿qué te despierta en las noches, y te impide volver a conciliar el sueño?

Seguramente a muchos de nosotros, la situación económica. Nos angustia quedarnos sin trabajo (si es que somos afortunados y aún lo tenemos). Estamos preocupados por poder cubrir nuestros compromisos económicos si nos están pagando solamente el 50% del sueldo. Quisiéramos  saber qué pasará con nuestros negocios con estos meses de cierre, y la lenta reactivación económica que viene. Y es una preocupación totalmente válida. La satisfacción de nuestras necesidades básicas como alimentación, casa, vestido, es primordial. Y se activa la parte más primitiva de nuestro cerebro ante el temor de no poder cubrir dichas necesidades.

Antes de entrar en pánico, “desmenuza” esos temores económicos, y busca información sobre posibles soluciones. Por ejemplo, si te preocupan los pagos de las tarjetas de crédito, acércate a tu banco y pregunta cuáles son las opciones de pago que se están ofreciendo. Si te preocupa el pago de tu crédito hipotecario investiga cuáles son las prórrogas que están dando. Si es el pago de servicios como luz, agua, teléfono e internet, lo miso, acércate con tu compañía proveedora de servicios a ver de qué manera están apoyando el momento actual, seguramente te sentirás más tranquilo al observar que si hay soluciones posibles.

Organiza tu gasto. No hagas gastos excesivos, aun cuando sean pequeños. Comprar comida a domicilio, videojuegos, películas, o despensa en exceso puede generarte gastos que no tenías contemplados y desbalancearte, así que mídete. Desactiva gastos que no necesites en este momento: el cargo mensual de algunas aplicaciones, conéctate al wifi de tu casa para disminuir el uso de tus datos del celular y no incrementar el costo de tu factura. Observa donde puedes recortar el gasto.

La pérdida de objetivos también puede ser un temor que ande rondando tu cabeza. No saber a dónde vas, a dónde te diriges o qué sigue para ti, y puede ocurrirte a nivel personal, de pareja o incluso deportivo. Y a veces buscar en nuestro interior nos da miedo. Pero ahí el único que puede ayudarte eres tú. Así que se honesto y respóndete a ti mismo: ¿qué quieres? ¿hacia dónde quieres ir? Yo siempre he pensado que todos tenemos una brújula interna que nos dice hacia dónde ir, pero conforme crecemos y cambiamos nuestras prioridades, la voz de esa brújula se debilita.

Tal vez este sea un buen momento para recuperarla y escucharla. ¿Qué quieres? No es una respuesta sencilla. Tal vez puedas comenzar haciendo una lista de lo que NO quieres, para entonces empezar a darte cuenta lo que si quieres. Y entonces tal vez puedas hacer una lista de cosas realistas y alcanzables en esta situación. Por ejemplo, irte a hacer una maestría a Madrid en este momento no es viable. Pero si lo sería estudiar un diplomado en línea de algún tema similar.

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¿Sin objetivo deportivo? Trabajar cualidades como la fuerza o la resistencia pueden ser un buen objetivo.

Para mi, irme a correr el maratón de Vancouver no es viable. Y el de Nueva York no está aún dentro de mi tramo de control porque no se si para entonces estarán ya abiertas las actividades deportivas, y tampoco sé cuál será mi situación económica de aquí a entonces y no sé si podré pagar el viaje o no. Pero lo que si puedo hacer en esta situación es seguir entrenando disciplinadamente (en mi casa), manteniéndome alejada de las lesiones y la sobrecarga, pero lo suficientemente activa para no volverme loca.

Y es que, con tanto desajuste externo, lo que menos necesitas son desajustes internos. Mantén tu rutina: levántate temprano, come a tus horas, aliméntate de forma saludable (checa este post si no sabes por donde empezar)  duerme temprano, incluso puedes dormir más. Lee. Trabaja en tu respiración. Aprende cosas nuevas. Investiga. Intenta. Haz ejercicio. Tu cuerpo necesita cansarse de alguna manera. En internet es increíble la cantidad de información disponible que hay sobre ejercicios y entrenamientos. Busca algo no demasiado complicado, y ponlo en práctica. Si no te gusta, intenta una cosa distinta, pero ¡muévete! El ejercicio genera endorfinas, hormonas de la felicidad. Y hoy a tu alrededor todos necesitamos un poco de felicidad extra. Si tú estás de buen ánimo, contagiarás a los de tu entorno inmediato, y todo fluirá mejor.

Observa como cuando tú te levantas refunfuñando, contagias a los tuyos y todo están de humor gruñón. Pero si tú estás de buenas, los contagiarás de tu ánimo positivo, y el día será más llevadero.

Muchas veces nuestros temores los manifestamos en forma de queja. Y entonces nos quejamos de todo. Nos quejamos porque hace calor, porque la vida es injusta, porque los perros ladran mucho, porque estas engordando, porque hay muchas hormigas, porque no hay el yogurt que quieres en el supermercado, porque se fue la luz cuando empezaba tu película favorita. ¿Cuánta energía gastas quejándote? ¿Haces algo para resolver aquello de lo que te quejas? ¿Está dentro de tu tramo de control aquello por lo cual te quejas? Si lo está, resuélvelo. Si no lo está, deja de quejarte.

Quejarte y reclamarle al universo por lo desafortunado que te sientes no resolverá nada, y hará sentir a los tuyos hartos y fastidiados de tu lloriqueo. Busca en tu interior y de forma honesta, como un trabajo de amor hacia ti mismo, descubre qué es lo que te hace quejarte tanto. Y entonces resuélvelo. Claro, tal vez resolverlo no es tan fácil como preparar un café. Pero puedes tomar sesiones en línea con el psicólogo. O enfocar ese exceso de energía en preparar pasteles para todos en casa. Quejarte no ayuda a que las cosas vayan mejor. Y si no vas a ayudar a que las cosas mejoren, no las hagas peores para los demás.

Y finalmente creo que, para los que nos toca convivir con la familia o con la pareja, necesitamos practicar una escucha activa. Escuchar, pero de verdad escuchar a los que están a nuestro alrededor. Ve a tu interlocutor a los ojos, no estés distraído con tu celular/objeto cualquiera. Presta atención plena a la persona que tienes enfrente y te está hablando. Trata de entender lo que te está diciendo, no lo que tu crees que te está diciendo. Repite en una frase o dos lo que te ha dicho hasta el momento: “entonces lo que me quieres decir es que ……” y el/ella te dirá si estás en lo correcto y podrás saber que estás entendiendo la conversación.

No ofrezcas soluciones (a menos que te las pida) ni hagas juicios de valor: no contestes: yo opino, yo creo, yo en tu lugar…. Mejor pregúntale: ¿y tú que crees? ¿y eso como te hace sentir? ¿y qué piensas hacer?

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Aprendamos a escuchar activamente.

Sentirnos escuchados nos reconforta. Nos hace sentir importantes para quien nos escucha. Nos hace sentir valorados y tomados en cuenta. Y escuchar nos hace entender el mundo desde la perspectiva del otro, nos hace ser empáticos.

En estos momentos, frente a tanto cambio, sin duda necesitamos ser empáticos, y sentir que los demás son empáticos con nosotros. Darnos cuenta que hay quien nos entiende en esta situación, y que está viviendo una situación emocional muy parecida a la nuestra, nos hará sentir menos solos frente a este proceso de cambio. Y es que no estamos solos en este proceso de cambio. El mundo entero está viviendo una situación similar a la tuya y a la mía. La forma en la que nos enfrentamos al cambio, y en la que intentamos sobrellevarlo y adaptarnos a él, es lo que realmente hará la diferencia. La hará al menos para ti y para mi, y en consecuencia para nuestro entorno inmediato.

Es normal que estemos asustados, con miedo, enfadados. Es normal que pensemos que la vida es injusta, y que tengamos incertidumbre respecto a lo que va a pasar con nosotros, con nuestro trabajo, con nuestro negocio. Pero la vida sigue. Y tenemos que seguir siendo participes de nuestra propia vida. No podemos quedarnos paralizados sin actuar. Entonces actuemos. Un paso a la vez, tratando que ese paso esté lleno de certeza, de la mejor intención y que nos ayude a llegar a buen puerto. Confía en ti, en tu instinto, en tu brújula interna, y seguro encontrarás el camino.

Un abrazo.

Addy.


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Addy Zepeda

Corredora, yogui, triatleta y ahora blogger de bienestar. Experta en Cambio Organizacional. Mercadóloga de profesión, deportista de corazón. Comparto lo que he aprendido en este camino del deporte y la vida sana por si a ti también te sirve.

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