Objetivo próximo a la vista

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Hace más de dos años que no corro un maratón. Chicago fue el último maratón que corrí en 2017, y ha sido sin duda el maratón más emotivo que he corrido en mi vida (puedes leer la historia completa aquí).

Tanta emotividad se debe, sin duda, al hecho de haberlo corrido después de estar fuera de circulación 7 meses por lesión en la rodilla. El diagnóstico y la rehabilitación fueron largos, complicados y tardados (puedes leer sobre mi lesión aquí).  Pero finalmente tener la capacidad física, mental y emocional de volver a correr un maratón después de un panorama tan complicado, hace que casi se te salga el corazón del pecho cuando cruzas la meta. Sabe a gloria. Literal.

Pero también te hace ser más consciente de tu cuerpo y sus posibilidades porque no quieres volver a pasar por lo mismo con tu lesión, por lo menos yo no quisiera volver a pasar por eso nunca más. Entonces, los años después de Chicago, los he dedicado a aprender a vivir con mi lesión de rodilla (tengo condromalacia), y a descubrir lo que sí puedo hacer, y también lo que no. Mi enfoque ha estado en correr sin dolor (checa ese post aquí) y fortalecer mi cuerpo lo suficiente para, poco a poco, empezar con las distancias nuevamente.

Ha sido un proceso interesante mantener los maratones lejos de mi radar, porque llevo estos dos años y medio corriendo distancias más cortas obviamente (máximo 21kms) pero también me he vuelto un poco más rápida, incluso me he subido a un par de pódiums en carreras de 5 y 10kms, y por su puesto, he escrito algún post al respecto, checa aquí. Eso me ha hecho descubrir otras cualidades en mí, como la velocidad, porque no sabía que podía ser rápida. Resulta gratificante saberlo porque entonces el panorama se amplía y entiendes o asimilas mejor, que no siempre tienes que estarte preparando para un maratón, y para alguien con lesión en la rodilla, es un gran alivio descubrir que tienes otras opciones, otros objetivos que te puedes plantear y que simplemente no los habías visto.

 

Decidí que 2020 sería el año de volver a correr un maratón.

Este año cumplo 40 y quiero festejarlo corriendo porque de verdad me gusta correr, me hace feliz y es una distancia que disfruto muchísimo.  Primero pensé en correr el Maratón de Barcelona, por la cercanía con la fecha de mi cumpleaños. Pero lo pensé demasiado tarde, y no hice la planeación adecuada: he tenido tantos cambios en mi vida el último año, que tampoco es tan fácil como compra tu boleto y vete: ahora hay más planeación que hacer, más aspectos que considerar, más gastos que programar. Entonces Barcelona quedó descartado porque no me daba tiempo ya ni de entrenar en forma.

Quería todo: que fuera un major, con una ruta fácil, buen clima, boletos baratos, hospedaje barato, un maratón que no hubiera corrido…

Y es que viajar para correr un maratón no es fácil. Necesitas planearlo bien, y ahorrar. Necesitas prepararte para el clima en el que correrás, la altimetría, decidir qué día llegarás, revisar el hospedaje con mucha anticipación al igual que los boletos… y todo eso además de entrenar, cuidar la alimentación, tener una estrategia de recuperación, ir a terapia de la rodilla…

En esas estaba, pensando qué maratón correr, cuando mi coach me dijo: corre Vancouver.

Al principio no quería correr Vancouver porque es un maratón que ya corrí en 2016 buscando mi mejor record personal (puedes leer la historia aquí) y aunque es un maratón encantador y altamente recomendable, no llevo tantos maratones en mi haber como para querer repetir. Estaba indecisa, inclinándome por un no. Porque claro, si voy a viajar para correr un maratón mejor que sea uno “nuevo” para mí.

Un buen día en la pista el coach me dijo: vamos a Vancouver. Yo voy a ser tu liebre.

Mi coach, Jonathan Esteve

Tengo años queriendo bajar mi PR. Obviamente todos los maratonistas soñamos con calificar al deseado unicornio que representa Boston. Hoy estoy más fuerte. No solo física, sino mentalmente. Pero sobre todas las cosas, correr con mi coach como liebre me llena de seguridad. Y de miedo. Hemos corrido carreras cortas de 10ks, y todo el tiempo va monitoreandome, diciéndome qué tengo que hacer: «échate pa´lante Addy, hidrátate, échate un poco de agua en la cara, ahora vamos a empezar a sufrir un poquito…»  es MUY retador, pero también te hace sentir seguro, sabes que no hay margen de error y que estás haciendo lo que debes hacer porque hay cosas que un coach conoce de ti mejor incluso que tú mismo. Él sabe de lo que eres capaz cuantitativamente hablando.  Pero claro, no es lo mismo correr 10kms a correr 42.195.

Y me llena de emoción, pero ¡también me muero de miedo!!!

Me hace preguntarme: ¿mi rodilla aguantará correr un maratón? ¿Podré bajar mi tiempo? ¿Podría soñar con una calificación a Boston? ¡Y aun no me he inscrito!

Mi mantra desde hace ya varios años ha sido una frase de Henry Ford que me compartió mi entonces coach Claudia Castillo, que dice:

“Si crees que puedes hacerlo, tienes razón. Si crees que no puedes hacerlo, tienes razón”

El sistema con el que entreno y que desarrolla mi coach se llama All In Your Mind. Son muchas señales que me indican la importancia que tiene mi mente, mis pensamientos y lo que yo creo respecto a mi objetivo. Estoy convencida de que lo más importante es que yo me crea capaz de lograr mi objetivo, y preparar mi cuerpo para que me acompañe y pueda lograrlo.

Esta semana cumplí mi tercera semana de entrenamiento oficial hacia Vancouver. Y no me he saltado ni un solo día de entrenamiento. Mi plan de entrenamiento es intenso, y entonces estoy tomando todas las medidas necesarias para llevarlo a cabo: organizo mejor mi tiempo, y entreno aun en horarios no acostumbrados. Estoy muy aplicada con la suplementación: proteína, colágeno, vitaminas, pues necesito que el cuerpo rinda lo suficiente para aguantar el entrenamiento que tenemos en puerta.

En revisión con Frank

Ya fui con Frank Salazar, mi fisioterapeuta, para que tengamos el plan de acción para mi rodilla, y no esperemos a sentir algún tipo de dolor o molestia, sino que todo sea preventivo, que vayamos un paso adelante. Que no dejemos que el dolor aparezca nunca, porque ya entrené con dolor y con pausas Chicago, y no quiero repetir esa dinámica. Afortunadamente Frank, que vivió toda la lesión, recuperación y entrenamiento para Chicago conmigo conoce mi rodilla bastante bien, y sabe por dónde llevarme. Ya incluso encontramos algunos achaques nuevos, como un desbalance muscular entre ambas piernas, que les contaré en otro post, que nos hacen estar positivos respecto a las condiciones actuales y futuras de mi rodilla.

Así que aquí estoy. Con nuevo objetivo en puerta. Y aunque es un maratón que ya corrí, es a la vez un maratón completamente nuevo, porque yo no soy la misma que en 2016, mi cuerpo tampoco, y mucho menos mi cabeza. Es un maratón nuevo también en el aspecto de que lo corro con una expectativa grande, sin margen de error para bajar mi PR, y lograr por ahí alguna hazaña extraordinaria.

Me aterra. Lo escribo y se me hace un nudo en el estómago. Me da miedo poder. Me da miedo no poder. No se no poder. Me da miedo el proceso. Pero también me da emoción. Y la emoción me hace levantarme todas las mañanas a entrenar, y encontrar el tiempo en las tardes cuando la mañana se complicó. La emoción y la ilusión son las que marcarán el camino, y el miedo se irá haciendo cada vez más pequeño, y dará lugar a la certeza, a la confianza en mi cuerpo, en mi fuerza. Porque sobre todas las cosas, tengo que confiar en que PUEDO hacerlo.

Después de platicar con mi coach en la pista sobre que él sería mi liebre, platiqué con Luisito. La respuesta de Luis es muy clara siempre: Tu puedes. Agradezco tanto que él crea en mi cuando incluso yo dudo de mi misma. Gracias infinitas corazón. Sin tu mano sujetándome en este, y muchos procesos, no lograría ni la mitad de lo que me propongo.

Me tomé un par de días para pensarlo. Mi corazón quería decir que sí desde el instante uno, pero mi cabeza lo frenaba. Y entonces, en esas señales divinas que el universo siempre tiene reservadas para cada uno de nosotros, leí un post que decía:

“Si tus sueños no te dan miedo, es que no son lo suficientemente grandes”.

Entrenamiento en pista

¡PUM!!! En ese momento decidí que correría Vancouver, con mi coach como liebre, sin despegarme, rompiendo mi propio record, y dando lo mejor de mi. Y ese SI es un sueño grande.

Vancouver, allá voy.


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Addy Zepeda

Corredora, yogui, triatleta y ahora blogger de bienestar. Experta en Cambio Organizacional. Mercadóloga de profesión, deportista de corazón. Comparto lo que he aprendido en este camino del deporte y la vida sana por si a ti también te sirve.

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