De este 2020, ¿qué me llevo?

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2020. Año totalmente fuera de lo común. Ya había escrito un post sobre los cambios que esta situación de pandemia trajo consigo que puedes leer aquí, pero esta vez quiero compartirte una reflexión de mi año y mis aprendizajes:

Febrero 2020. En las noticias escuchas sobre una enfermedad extraña que está afectando a muchas personas en el sureste asiático. No hay vacuna, no hay cura. El virus se propaga rápidamente. Muchas personas están muriendo. Suena a historia de una película de Hollywood.

Mi última carrera del año, justo un día antes de mi cumpleaños.

Marzo 2020. La enfermedad extraña es declarada como pandemia por la OMS. Y aun cuando en México, y puntualmente en Yucatán la situación no es tan extrema aún, decido cancelar el desayuno de mi cumpleaños planeado para ese 13 de marzo. Pienso que ya tendré oportunidad de celebrar en un par de meses, por el momento, sea lo que sea que esté pasando, más vale tomar precauciones y seguir recomendaciones de no reunirnos con más de 20 personas, porque claro, contando a los invitados nuevamente, si seríamos más de 20 personas.

Luis tiene puestas las noticias todo el tiempo. Escucho constantemente sobre números de muertos y cómo están las cosas en España, en Italia. Maribel me tiene al tanto de lo que va ocurriendo también en su rincón del sur y cómo ella lo vive. Vuelvo a decir que esto tiene pinta de película de Hollywood. Creo que aún no dimensiono que esto es TAN grave.

Abril 2020. Cierran en Yucatán (y en todo México) el comercio no esencial. Eso significa que tengo que cerrar Planeta Maratón, mi tienda especializada en running. Ok, hay que planear qué hacer, cómo seguir vendiendo en línea, cómo seguir vigentes, hacer entregas a domicilio y envíos. Y toda mi energía se enfoca en sacar mi negocio a flote, en impulsar el comercio electrónico aún sin página web, porque claro, es de los pendientes que sigo sin realizar, mal hecho. Emprendedores, tomen nota: página web es vital, la próxima pandemia no los puede pillar sin página web. Las cosas van funcionando más o menos bien en línea, hay venta de producto, entrega a domicilio.

El arrendatario del local donde tengo la tienda se porta totalmente empático y nos reduce el pago de la renta. dada la situación. Gracias infinitas Ile por esa decisión, porque de no haberlo hecho así, no se si hubiésemos sobrevivido. Y es que claro, al tener tu negocio cerrado dejas de vender, (o vendes menos) pero aun así tienes que pagar luz, agua, teléfono, internet, sueldos, impuestos. No es una cosa sencilla poder mantenerte cuando la venta se ve impactada de forma directa. Así que cuando puedan comprar productos de los pequeños emprendedores, se los agradeceremos infinitamente, porque para nosotros significa la posibilidad de mantener nuestros negocios abiertos.

El tema del negocio no lo es todo: también está el tema familiar: los niños “salen de vacaciones” indefinidamente por la situación, y entonces los tienes en casa todo el día, sin poder ir a ningún lado, con toda su energía acumulada y dispuesta para ser utilizada, lo que te lleva también a ser creativo y encontrar en qué entretenerlos.

Empezamos con las clases en línea: un gran aprendizaje para todos, escuela y maestros incluidos porque utilizar una plataforma electrónica para dar/tomar clase requiere muchos cambios, ajustes y adaptaciones de la noche a la mañana.

Los niños resultan más intuitivos para el uso de la herramienta tecnológica, y pueden hacer cosas como cambiar los fondos o abrir chats, que a las maestras les cuesta mucho trabajo controlar, y descubrir cómo hacer. Porque ha resultado evidente la brecha tecnológica existente entre los niños actuales y los adultos, y los niños nos llevan la delantera brutalmente, pareciera que tienen un chip que les habilita para poder hacer casi cualquier cosa con el dispositivo electrónico que tienen en la mano, mientras que los adultos nos tardamos años en descubrir cómo realizar dos acciones básicas. Pero es lo que hay, y hay que adaptarse, y fingir que entendemos cómo funciona y que sabemos cómo hacerle, aunque en realidad sean ellos, los niños, los que terminen explicándonos cómo hacerle para cambiar la pantalla.

La convivencia en casa se vuelve intensa, porque además tu marido también está ahí todo el tiempo haciendo home office.

O intentándolo, porque claro, las interrupciones son frecuentes, además, pocos están preparado con el espacio “ideal” para trabajar o tomar clases, y hubo que improvisar un salón en el comedor y una oficina en la sala de televisión. Mi jardín trasero se convirtió en mi shala de yoga, porque claro, hay que seguir generando ingresos y seguir impartiendo clases de yoga, lo que nuevamente nos enfrenta a la tecnología, y a la posibilidad de explicar lo que los alumnos tienen que hacer sin que los puedas tocar, o ajustar físicamente. Retador, pero inmensamente maravilloso. Poder seguir dando clases de yoga sin duda me han ayudado muchísimo en todos los niveles, y estoy profundamente agradecida por ello.

Regresando al punto de la convivencia, convives con tu familia todo el tiempo. A mí me resultó particularmente enriquecedor observar a los niños en su aprendizaje, en su interacción con los compañeritos de salón. Tanto los niños como yo aprendimos de las llamadas telefónicas interminables de Luis con sus clientes, y a guardar silencio en media sesión de dominó porque había otra llamada más que atender. Los niños y Luis aprendieron a ingeniárselas con el desayuno y los perros en las mañanas mientras yo imparto clases de yoga. Y al final resultó una hermosa interacción en la que todos entendimos y aprendimos lo que hacen los demás miembros del equipo, y cada uno entendió su rol, y lo aceptó con gusto.

Los chicos cocinando

Las tareas de casa se dividieron entre todos: cocinar, lavar trastes, recoger la mesa. Además a mi me gusta involucrar a los niños en el dulce arte de hacer de comer, me parece entretenido, divertido y al final un aprendizaje importante, así que aun cuando los trozos de cebolla terminaban siendo un poco más grandes de lo normal, ellos se sentían felices de involucrarse y de que todos comiéramos lo que habíamos preparado.

Las tardes resultaron una aventura: jenga, dominó, rummy, turista, destreza, películas en una sala de cine improvisada con todo y boletos para entrar, series. Flash se volvió nuestra favorita, y nos quedábamos intrigados cuando terminaba el capítulo y ya era hora de dormir, porque claro, seguimos manteniendo los horarios, la rutina, pues creo firmemente que la forma de mantener cierto orden es manteniendo los horarios y la rutina tanto como sea posible. Los perros forman parte importante de esta rutina, porque ellos no saben si es vacación o no, piden salir a los horarios acostumbrados, y hay que sacarlos, porque Manolo particularmente no deja de ladrar hasta que lo sacas. Entonces hasta los perros han estado involucrados en la rutina, y resulta muy lindo, logramos un nivel de compenetración importante y significativo. Y me hace sentir muy afortunada de que todos en casa participemos y estemos involucrados.

Tardes de cine

Personalmente creo que hemos sabido llevar la convivencia familiar bastante bien y somos muy afortunados y adaptables. Recuerdo que cuando los niños empezaron el nuevo curso escolar en línea, tuvimos algunas entrevistas por parte de la escuela donde nos preguntaban si los niños habían cambiado sus patrones u horarios de sueño, o si eran totalmente dependientes a un dispositivo electrónico, o si lloraban sin parar cuando les quitábamos la Tablet. Me sorprendió mucho. Pero supongo que el cuestionamiento era totalmente válido porque seguramente tuvieron/tienen casos así, casos de familias en las que la convivencia es diferente, más virtual, hablan poco entre los miembros de la familia e interactúan más con su dispositivo móvil que con la esposa y los hijos.

Y ahí creo que es donde las cosas se complicaron para muchos, porque en esta fingida “modernidad” dejamos de interactuar con los nuestros. Vivimos pendientes de redes sociales, de la historia de la influencer de moda, conocemos su rutina de ejercicios, su desayuno, su outfit, el tono más nuevo de labial, pero convivimos cero con los que están al lado nuestro. Triste, ¿no? Triste pero real. Estamos sin estar. Somos un “bulto” en el comedor o en la sala, que físicamente está ahí, pero que no se entera de lo que pasa a su alrededor porque vivimos stalkeando a todo el mundo, y olvidamos que lo realmente importante lo tenemos al lado, son las personas con las que tenemos la dicha de convivir: nuestra familia.

 

Tomando talleres en línea

Mayo: continuamos cerrados en la tienda, trabajando en línea, moviendo producto todo lo que fuera posible, entregando a domicilio si estabas en Mérida, o enviándolo si estás en cualquier otra parte del país. Yo seguía sin salir a correr. Corría en la caminadora de la tienda, y me dediqué a entrenar fuerza en casa con el mínimo equipo que tenía. Seguía con las clases de yoga en línea. Tuvimos que contratar un internet adicional porque todos en la casa utilizando internet al mismo tiempo era imposible. Aprovecho el encierro y tomo muchos talleres de yoga que siempre son presenciales, y ahora por las condiciones tengo la ¿oportunidad? de que sean en línea. Y talleres de foto, y de entrenamiento por intervalos, y de fascias. Y es que claro, esto también tiene algo positivo, aunque a veces no lo veamos.

 

Junio. Finalmente pudimos abrir las puertas de la tienda nuevamente.

El movimiento fue muy lento. Los deportistas obviamente no tenían eventos en los cuales competir, no entrenan con tanta intensidad, y por lo tanto no utilizan geles, electrolitos, gomitas o waffles de miel. Pero tuvimos la fortuna de traer equipo para entrenar en casa: mancuernas, kettlebells, cuerdas para saltar, ligas. Y es que esto es así, renovarse o morir. Si la tendencia indicaba entrenamientos en casa, pues había que sumarse a esa tendencia. Y afortunadamente el movimiento, aunque lento, seguía fluyendo ahora también con la venta de equipo deportivo para entrenar en casa.

Fallece de cáncer una de mis mejores amigas, y desde entonces no había escrito. Escribí un post muy personal a modo de despedida que puedes leer aquí.

Así anunciamos en redes sociales el «campamento de verano» virtual

Julio/Agosto. La gente empieza a notarse más animada para salir a entrenar, a correr solos por lo menos. Y eso se traduce también en mayor movimiento en la tienda. Hay mucha gente que decide empezar a ejercitarse por un tema de salud, y también nos favorece. Desde que los niños salieron de vacaciones de la escuela, organizamos un “campamento de verano” virtual, en el que hacíamos transmisiones en vivo desde el Facebook de Planeta Maratón y todos los martes y jueves de 10:00 a 10:30 de la mañana ellos daban una clase de activación física.

Fue una gran aventura para los todos, y un gran reto porque implicaba un compromiso por parte de los niños, pues tenían que estar listos a las 10:00a.m. vestidos con ropa deportiva y desayunados, además de tener la mejor disposición para ejercitarse durante la siguiente media hora, al aire, frente a un teléfono. Es curioso porque ellos me han visto hacer transmisiones en vivo mucho tiempo y ahora ellos hacían transmisión en vivo, entonces creo que entienden el concepto bastante bien, y cada vez se fueron soltando más frente a la cámara, hablando más, dando recomendaciones a otros niños que también se conectaban. Fue una gran experiencia. Nos divertimos mucho. Y nuevamente, había que ponernos creativos tanto con los niños, como con las redes sociales de la tienda.

Llegó septiembre, regreso a la escuela. Un raro regreso a la escuela, pero tampoco tan desconocido, pues así cerramos el ciclo escolar. Y con el regreso virtual a clases, valoré muchísimo el trabajo de las escuelas, de las maestras, porque la verdad es que llevar a los niños a la escuela te permite realizar un montón de actividades mientras ellos no están. Pero con las clases virtuales tú te conviertes en la maestra, porque los niños necesitan atención todo el tiempo, y tú tienes que estar pendiente de si están haciendo los ejercicios, o si ya están distraídos, o si tienen el material necesario.  Yo tengo la fortuna de tener mi propio negocio, y ajustamos los horarios en la tienda para poder estar presente en las clases con los niños e irme por las tardes a la tienda, pero, ¿cómo hacen las mamás que tienen que trabajar desde casa? ¿cómo pueden ser mamás y maestras al mismo tiempo? De verdad que ¡qué complicado! Todo mi reconocimiento a las mamás que además de hacer home office han sido maestras de sus pulgas, y claro, ni que decir que se han seguido haciendo cargo de las cosas en casa. Y aquí es bien curioso porque por mucha ayuda que recibas de tu marido y de los hijos, tampoco te puedes desentender del todo.

Durante octubre y noviembre, nuestra dinámica ha sido básicamente la misma. Hemos ido al cine una vez. Hemos ido a la playa una vez. Hemos ido a comer a un restaurante una vez. El resto del tiempo estamos en casa, inventando qué hacer, jugando, bailando, cocinando, cuidando a los perros, haciendo jardinería, cuidándonos a nosotros mismos.

A veces solo hay que encontrarle lo divertido a las cosas 😉

Y me siento inmensamente afortunada de que mi dinámica familiar haya sido tan positiva, tan enriquecedora, tan favorable. Y no es casualidad. No es suerte. Hemos trabajado mucho tanto Luis como yo en ser pacientes, tolerantes, positivos. Porque claro que nos hemos visto afectados económicamente en los respectivos negocios, claro que han disminuido los ingresos, claro que tenemos muchas preocupaciones.

Hay días en el que el estresado y preocupado es él, y a mí me toca balancear todo el entorno. Y hay días en los que la estresada y preocupada soy yo, y al le toca regresarme a la calma. Pero esta calma hemos logrado transmitirla a los niños, y ellos están tranquilos, sin angustiarse demasiado. No hablamos de preocupaciones, de enfermedades, de muertes. Estamos atentos al entorno y hablamos de lo que pasa con la situación actual, pero ponernos cloro en los zapatos al entrar a casa y lavarnos las manos muchas veces se ha vuelto habitual. Se ha vuelto habitual salir a pasear en el coche sin bajarnos. Comprar paletas y comerlas en el coche, o bajarse a comprar las tortillas con cubrebocas. Somos de quejarnos poco, somos de agradecer mucho, y todo eso a sumado a que este año para nosotros no sea terrible.

Descubrí que cuando encuentras lo que necesitas dentro, no tienes que salir a buscarlo fuera. Tal vez por eso no me he vuelto loca, porque dentro, en casa, me siento bien, me siento en paz, tranquila, llena de amor. Todos los días son una aventura que disfruto enormemente. Y disfruto desde que empieza el día y puedo entrenar (porque claro, no he dejado de entrenar. De hecho he entrenado más fuerza que nunca antes y eso me tiene sin dolor de rodilla), disfruto desayunar juntos, dar clases de yoga, ver a los niños aprendiendo, cocinar cosas que se que les encantan.

Disfruto ver mi negocio crecer, avanzar. Como bien me dijo una clienta: “no has cerrado, así que vas muy bien”. Y tiene toda la razón, mi negocio sigue abierto, funcionando gracias a Dios. Luis tiene días buenos en el trabajo, días menos buenos, pero también su negocio sigue caminando muy bien. Nosotros como pareja estamos bien. Tenemos días en los que lo podría lanzar por el balcón, como todos, pero en general me gusta la relación que tenemos, me hace sentir inmensamente feliz, y orgullosa del trabajo que hacemos para estar bien los dos todos los días. Mi manada me encanta, me enorgullece, me hace feliz tener niños felices, amorosos, y sanos.

Y entonces veo que las cosas en realidad no han sido terribles como muchos dicen, por lo menos no lo han sido para mí. Han sido distintas, y cada uno de nosotros ha decidido cómo enfrentar esta situación. Cada uno de nosotros ha decidido si pasarse estos 9 meses quejándose por todo, o a tomado lo que hay para encontrar cómo reinventarse y salir a delante. Las crisis sacan lo peor o lo mejor de nosotros. Nos hacen darnos cuenta de qué estamos hechos. Y a mi me hace feliz darme cuenta de qué estoy hecha, y de qué está hecha mi familia.

Todo este post sobre mi 2020 es una reflexión para decidir de qué lleno mi maleta.

¿Qué de esas cosas vividas y aprendidas me llevo al 2021?, ¿qué cosas dejo aquí en este ciclo? para no andarlas cargando porque no me generan ningún valor, y además me atoran, me pesan y no me dejan avanzar.

Yo lleno mi maleta del 2020 con la capacidad de reinventarme, de aprender cosas nuevas que me permiten evolucionar en muchos sentidos, desde platillos para cocinar, hasta conceptos de yoga que aplico en mis clases.

Me llevo también mi resiliencia, porque vuelvo a demostrarme a mi misma que intento las cosas hasta que las logro, que no me rindo, que no me dejo vencer, aunque a veces sienta que no puedo más, vuelvo a levantarme, y lo vuelvo a intentar porque esa es mi naturaleza, y me gusta.

Mi maleta incluye también fuerza y fortaleza. Este año he entrenado mucha fuerza físicamente. Y esa fuerza me ha permitido entrenar intensamente sin dolor en la rodilla al correr. Además, me permite sentirme totalmente a gusto con y en mi cuerpo. Esa fuerza física la interpreto también como fortaleza interior. No ha sido un año sencillo en muchos aspectos. He tenido situaciones personales muy complicadas que podrían haberme quebrado en mil pedazos. Pero no me quebré, aquí estoy. Con algunos moretones, pero fuerte.

Este año me llevo también el concepto de “AMOR PROPIO”, que llegó a mi de forma inesperada de la mano de Olivia, coach de subconsciente con quien tuve la oportunidad de compartir. Este concepto vino a ponerle nombre a muchas cosas en mi vida. Me hizo entender cosas que intuía o que veía más como justamente una cuestión de intuición, y que hoy se forman parte de la sabiduría interior que cada uno de nosotros tenemos, pero que a veces no nos damos la oportunidad de escuchar.

También me llevo mucho bienestar, que está muy ligado al amor propio.

Y me llevo bienestar no solamente porque me sienta bien, sino me llevo bienestar como concepto. Tengo la dicha de compartir bienestar a través de mis clases de yoga, a través de mi tienda especializada en running, a través de las publicaciones y recomendaciones que hago sobre los productos que ofrecemos, a través de la página de Facebook de Bienmecuido que siempre comparte información valiosa, y también a través de este blog tengo la dicha de compartir bienestar.  Eso también me lo llevo en mi maleta, porque me hace muy feliz.

Me llevo también todas las posibilidades que represento. Soy dueña de mi vida, de mis decisiones, de mis posibilidades. Los limites están en mi cabeza cuando dudo, cuando no creo en mi, cuando titubeo. Pero los limites los decido yo. Y eso también se va en mi maleta.

Y me llevo todo el amor a mi alrededor. El amor que sienten por mi los que me aman, y el amor que siento por los que yo amo. Este año me ha hecho entender el amor desde una perspectiva distinta, y con ese amor profundo, verdadero, honesto y leal me quedo.

 

 

¿Qué dejo en este 2020? ¿Qué cosas no me llevo en mi maleta?

No me llevo aquellas relaciones que no suman a mi vida. Aquellas relaciones vacías y frívolas, que además me dañan, me lastiman. No las quiero en mi vida. Gracias por lo que representaron en su momento, pero estoy mejor sin esas relaciones dañinas.

Tampoco me llevo los sentimientos feos. Enojo, ira, miedo, enfado, dolor. Los dejo aquí. Y no significa que no volveré a sentirlos. Significa que trabajo para no guardarlos en mi corazón, para no llevarlos cargando. Los sentimientos negativos solo dañan al que los siente, en este caso a mi. Y decido no malgastar mi energía en emociones negativas.

Dejo mi desorden. Estoy trabajando fuertemente en ser más ordenada en todo sentido. Así que dejo mi desorden en este ciclo.

También dejo mi debilidad. Hay cosas para las que me tiembla la mano. Cosas que no decido porque se me hace el corazón de pollo, y después termina dañándome no haber tomado la decisión en su momento. Eso también lo dejo. Implica mucho trabajo personal encontrar un equilibrio, pero ese será el reto.

Dejo mis miedos. Mis “no puedo”. Mis dudas. Ya surgirán nuevas, no necesito llevarme cargando las de este año.

Finalmente dejo todo aquello que no me sirve, y que ahora no tengo la posibilidad de ver por alguna circunstancia, tal vez simplemente no estoy lista aun para soltarlo, pero confío en que estaré lista y que podré soltarlo cuando llegue el momento.

Que mi maleta al 2021 esté llena de cosas que me hagan crecer, avanzar, sonreír, amar, sentir paz, llenarme de bienestar y tener la sabiduría de compartirlo con otros. Que pueda seguir impactando positivamente la vida de las personas. Que pueda seguir construyendo mi amor propio, encontrando mi propia luz y reconociendo mis sombras. Que recuerde ser agradecida todos los días por aquello que tengo, en vez de sufrir por lo que no tengo. Que en mi camino encuentre personas que compartan conmigo su luz, que me hagan crecer permitiéndome aprender lo que me haga falta. Que el amor me acompañe en todo momento, y que mi familia permanezca unida.

Esto o algo mejor pido al universo traiga para mi y para los míos. Que así sea y así será.

Deseo de todo corazón que tu encuentres cosas positivas en este año tan fuera de lo común, que lo aprendido se traduzca en experiencia para aplicar en el próximo ciclo. Que haya mucha salud para ti y los tuyos, y que todo lo bueno te encuentre y se quede contigo. Elige lo que te llevas en tu maleta con mucha conciencia, llévate aquello que te haga feliz, y deja todo lo que te estorbe. Cierra ciclos, y a darle con todo!!!

Feliz 2021.

PD: Por cierto, aquí un post sobre cómo cerrar nuestros ciclos de una forma positiva, por si aun no lo haces.


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Corredora, yogui, triatleta y ahora blogger de bienestar. Experta en Cambio Organizacional. Mercadóloga de profesión, deportista de corazón. Comparto lo que he aprendido en este camino del deporte y la vida sana por si a ti también te sirve.

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