La dicha de correr juntos

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Hoy el día empezó 5:20 a.m.: entrenamiento de bicicleta a las 6:00 a.m. con 45kms por delante y, como a tantos otro entrenamientos, fuimos juntos.

Yo empecé a correr hace ya 10 años, y Luis al principio no corría conmigo. Era más bien el novio tierno que llevaba a mis perros a verme correr y me hacía carteles de ánimo, hasta que nos inscribimos juntos a una carrera. Y después a otra, y a otra más, cada vez probando distancias más grandes.

En 2013 decidí hacer mi primer maratón: entrenamientos de distancia los fines de semana,  entrenamientos de resistencia o velocidad entre semana, fuerza en el gimnasio. El resto del tiempo era comer, dormir, ir a trabajar. Dejamos de salir por la noche porque nos levantábamos muy temprano para ir a entrenar, y a las 7:00 de la noche estábamos demasiado cansados para pensar en fiesta. Para ese primer maratón, Luis no se había inscrito aún, hasta que Luisa, una muy buena amiga corredora también, le cedió su inscripción: ese año Luisa no correría por estar embarazada de las gemelas. Recibimos la noticia la mañana que hacíamos nuestro último fondo, 35ks en Cuemanco. Así que no había nada qué hacer: Luis estaba oficialmente inscrito al maratón y, como había hecho todos los fondos conmigo, estaba más que listo y lo terminó como un campeón.

Después de correr ese maratón mi madre me dijo: este hombre es capaz de correr un maratón por ti. Es de las cosas que más atesoro. Si corrió un maratón por mi, no lo sé. Pero corrió un maratón CONMIGO. Y ya llevamos 5 maratones juntos.

Entrenar se volvió parte del día a día.  Aprendimos un lenguaje deportivo juntos, conocimos dolores musculares similares, cansancios parecidos, probamos proteínas horribles! Y no importa si él corre más rápido que yo, o si yo hago más distancia. Importa compartir el momento y la experiencia.

Para nosotros, entrenar juntos no significa correr 21kms al mismo ritmo, o hacer juntos la rutina de fuerza en el gimnasio. Generalmente cada quien lleva su ritmo, nos vemos al inicio y al final del entrenamiento, y estamos pendientes de que el otro esté en buen estado mientras entrena. Pero estamos juntos mientras entrenamos.

En 2015 nos inscribimos a un triatlón. Fue una aventura aprender de bicis juntos, ver cómo cada uno es mejor en un deporte que en otro, volvernos un equipo.  Tener un equipo te ayuda a vencer tus propios límites: después de haberme apanicado la primera vez que nadé en aguas abiertas, fue Luis quien encontró cómo impulsarme para vencer mi miedo al agua y alcanzar mi objetivo: cada fin de semana me llevó a nadar a Tequesquitengo con apoyo de Miguel, nuestro lanchero de cabecera, hasta que logré nadar 2mil metros en el lago y estar lista para Bacalar (Aquí puedes leer la historia de los triatlones). Es sin duda de las cosas más lindas que ha hecho por mí. ¡Qué afortunada soy de tenerlo en mi equipo!

Hoy, las horas de entrenamiento se traducen en muchas cosas positivas: tenemos viajes muy divertidos a los lugares donde competimos, grandes experiencias antes, durante y después de las competencias, un grupo de amigos entrañables que también entrenan como locos, y la satisfacción de lograr retos personales mientras estamos juntos.

Entrenar y competir juntos nos da mucho sobre qué conversar, mucho de qué reírnos, nos pone de buen humor, sincroniza nuestros horarios porque los dos nos despertamos muy temprano y a las 7:00p.m. como pollos ya tenemos sueño, entonces yo no me enfado si él no quiere ir al cine, y él no tiene problema si nos vamos a tomar una cerveza otro día.  Hemos aprendido a ser empáticos con los dolores musculares del otro, o con el hambre voraz cuando terminas de entrenar. Entendemos más el sentido de logro o de frustración del otro.

Si alguno de los dos no le hubiera entrado al ejercicio, seguro nos veríamos menos horas al día, hablaríamos lenguajes distintos, seríamos menos empáticos, y nos estaríamos perdiendo parte de la vida del otro. Y creo que esto ocurre con cualquier hobbie que tenga tu pareja si no te involucras.

Y claro, hay épocas en las que yo estoy lesionada y no puedo correr, o él está en mood tranquilidad y entrena más bien poco. Pero a ambos nos ha quedado claro que nos gusta este asunto de entrenar, y lo vamos acomodando en el día a día.

Estar con alguien no significa tener su atención todo el tiempo, o que tu dejes de hacer lo que te gusta. Implica estar abierto a probar cosas distintas, entender pensamientos diferentes, ver la vida desde su sillón, estar dispuesto a compartir, a ser menos egoísta, animarte a hacer algo que parecería una locura por el simple hecho de hacer algo juntos.

¿Lo más maravilloso de esta experiencia de entrenar juntos? ¡Lo mucho que nos reímos en el camino!

Compartir con tu pareja no se limita a entrenamientos intensos y competencias desafiantes. Compartir con tu pareja significa aprender de él, de lo que le gusta, de lo que conoce, de su historia antes de ti, interesarte por sus hobbies, escuchar con atención cuando te explica la corrida de toros o el juego de golf. Implica probar todo con aguacate y descubrir que ahora a ti también te gusta todo con aguacate.

Compartir con tu pareja es como tener una pequeña competencia todos los días en la cual debes esforzarte: que cada día haya cosas nuevas que descubrir, risas que compartir y muchos muchos besos que dar. Es practicar la tolerancia porque son dos personas distintas con gustos distintos e historias diferentes. Es estar radiante de felicidad por verlo sonreir, dar gracias porque saca lo mejor de ti, y saberte afortunada de compartir la vida con él.

Ahora, aprenderé a jugar golf =)

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Addy Zepeda

Corredora, yogui, triatleta y ahora blogger de bienestar. Experta en Cambio Organizacional. Mercadóloga de profesión, deportista de corazón. Comparto lo que he aprendido en este camino del deporte y la vida sana por si a ti también te sirve.

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